Buenos días, o buenas tardes, o buenas noches

Saludos. El presente blog busca funcionar como plataforma para dar un acceso libre y gratis a mi obra. Para quienes les interese pueden visitarlo periódicamente, pues semana a semana voy a subir nuevo material.
Se agradecen los comentarios y la difusión.

martes, 30 de abril de 2019

Haiku


2
A quién ocultas
Bajo esos dos metros
Que te alejas.



5
Ave en lluvia
Que buscas primavera
Sueñas llover.



6
Tus ojos cierras
Que el breve sonido
Hiere la lluvia.



7
Los días detienes
Contemplando arboles
Ya deshojar.



8
Te buscas fuera
Que es otro espacio
En el adentro.



9
Ciudad lozana
Postal de un lugar
Inexistente.



10
Beben el vino
En las mismas escalas
De ríos de sangre.



12
Un ave canta
En la luz otoñal
Del abedul.



13
No ves otro mundo
Más allá de las rejas
Que te has puesto.



14
Del spleen pasado
Jeanne solo te queda
Sentir desprecio.

lunes, 8 de abril de 2019

Haiku



1
La lluvia canta
En el cántaro lleno
De universo.



3
Abre el puente
Ciervo blanco que sangra
Fuego azul.



4
Un perro ladra
En la noche no suena
Como un perro.



11
Solo nos queda
La honda soledad
De estar vivos.



lunes, 25 de febrero de 2019

El engaño de la luz.




Un pavo real despliega su corona
con mil ojos azules
que abren caminos hacia el bosque
a la oscuridad del jardín
donde los laberintos se ciernen a la luz de la luna.

Pequeños planetas orbitan los ojos
de galaxias extintas al comienzo de los tiempos
fragmentos suspendidos como polvillo a la luz de las lámparas
inasibles sustancias ya extintas
áridas como estudios de arqueología.

La velocidad de las estrellas su cartografía anula
como una muerte que se contrae
sobre sí misma.

Un pavo real se pasea por la azotea
entre viejos maceteros y colillas de cigarros
pierde sus plumas ante la tormenta

Hacia el interior de los pasillos blancos de esta casa
se escabullen gritos sordos
y cánticos sacros que buscan abrir el aire
como un prisma opaco:
bailes de ratas royendo los huesos
en rituales angélicos.

La realeza se sienta sobre los cipreses
e inspecciona sus marmoleados mausoleos
mientras goza en el suplicio
de un universo que se contrae
de una muerte que se cierne
como luz de luna
sobre el óxido de la lluvia.

Aflora la bestialidad en pulcros ropajes
y utensilios de disección
que irrumpen en la oscuridad de la carne
trazando un mapa de agonía
en las secretas habitaciones de subsuelo.

Hermosas ciudades emergen
como coloridos pavos reales
se ofrecen cual placebos
de un tiempo olvidado
de una rueda desenfrenada
que todo lo llena de precipicios.

Adviertes el engaño de la luz
el cemento, los bosques, sus laberintos
más avanzas por las mismas rutas
de vidas que se apagan como estrellas
imposibles de cartografiar.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Aquellos que no te ven te hacen desaparecer




Desde niña te enseñaron a guardar las lágrimas
estar curtida ante el mundo
para el cual te has convertido en otra estadística
una desviación porcentual cuyo cálculo es despreciable.

Guardas esas lágrimas para el devenir
mientras cada día lunes
sales a pedir algo de alimento
y te distraes con furtivas escenas de juegos
para los cuales no hay tiempo
y no has sido convidada.

Rehúyes hablar de esas cosas
usas las palabras para esconder tu rostro
hasta desdibujarlo
y el niño que guardas en tu interior
te sonríe como un cadáver
perdido en un nombre que oculta tu nombre.

Como un ejercicio cartográfico
identificas la geometría de las calles
y los vicios que repletan la vida
mas tu habitas en la periferia
en los extramuros donde ronda la muerte
y la ciudad desaparece.




lunes, 13 de agosto de 2018

[el mundo se alejó con sus ruidos y fuegos]




El mundo se alejó con sus ruidos y fuegos.
En la periferia un sol azul nos cobijó
de rodillas bajo los puentes
vimos la lluvia barrer el barro
de los cuerpos ocultos entre matorrales.
Sonido de botas, golpes sobre la carne.

El sonido de las bocinas nos precipitó
más debajo de nosotros mismos
allí en el lenguaje de la penumbra
aprendimos los silencios del tiempo.

Expectantes escuchamos el amanecer
confiados salimos a los días de fiestas
por calles atestadas
creímos en la vana esperanza
de una luz que vino a quemarnos
como el aguardiente
regresando su vuelo desde las entrañas

Quedamos solos en el páramo de la historia
vagando en el borde, cayendo de rodillas
ante la luz escatológica de la ciudad
recluidos en habitaciones subterráneas
donde el mundo se aleja
y ya no nos perturba su velocidad
su estupidez ni su vana desesperación.





viernes, 22 de junio de 2018

[metódicamente sigo los movimientos proscritos]





Metódicamente sigo los movimientos proscritos
viviendo la vida de los otros,
esa proyección de sus temores y dudas.
A veces sueño
los sueños que me dicta
mi adorado verdugo
emerge entre las vísceras de un buey
victorioso e incólume
como un general triunfante
entre el desmembramiento de sus tropas.
Ante su acecho intento llevar mis capacidades más allá de su limite
hasta que el cuerpo y la mente se disocian
y se flecta al punto de quebrarse
como la noche herida por el rayo.

Los puertos en que he vivido
se superponen como una misma calle
donde he podido ser todas las personas
menos quien soy.
Las calles que conozco
de ese país de la infancia
me resultan insoportables.
Los semáforos que siempre me detienen
y las personas que muy compuestas se siguen unas a otras
ordenadas hasta la nausea
llenan la ciudad.

El arcángel de la niñez
ya no canta entre los oscuros rincones del cuarto
ni enuncia porvenires entre los sueños.
El polvillo recorre las habitaciones vacías
pobladas por espejos opacos
llenos de los rostros de este mundo,
lentos paisajes se pierden por las ventanas.
En el jardín abandonado
los rostros tallados han perdido su forma
y los senderos se han cerrado sobre sí mismos
ocultando la secreta casa de los juegos.

Entre ruedas que ya no giran
y muñecas a medio enterrar
un ciervo blanco muerde los pulmones
de los últimos cadáveres olvidados.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Las estrellas son signos ausentes




Volvió a la vieja ciudad, ingresando por la avenida más ancha donde los niños juegan levantando el polvo, al costado el rio destellaba. Las calles, tal como antaño, seguían luminosas y cristalinas, mas su mirada poseía un gesto que se propagaba lentamente por su cuerpo, lo cual fijaba una pequeña sombra sobre sus ojos, de pronto el portal de la casa se volvió lúgubre y su vitalidad se desvaneció en la memoria como un rostro que lentamente se hunde en la oscuras aguas de una noria. La vida era la misma, en apariencia, pero alejada de aquellos signos que transmutaban la realidad, todo se había vaciado y ya no había profundidad posible en ningún objeto.

Un árbol se entrelazaba sobre sí mismo anudando su carne con fiera resistencia al viento de los años, las venas rugosas que recorrían su tronco reposaban en la sombra de las hojas que variaban su color según el movimiento del día, el viento hacía silbar las ramas como un enjambre de aves transparentes que parecían querer arrancar el tronco desde sus raíces, entre las ramas un pálido rostro pendiendo se mecía al compás de las hojas, parecía detenido en esa tenue sombra donde la violencia del mundo era incapaz de entrar.

Ya nadie tiende una mesa por mí
ni las copas se llenan
por otra cosa que no sea lluvia.
Días jubilosos
pasan deformes entre el humo de la memoria.
En las postrimerías del ayer
un caballo rojo baja por el riachuelo
hasta tocar la noche del océano.

Una niebla cubre la desembocadura del río
desde lo alto de la casa se oyen graznidos de animales
que agonizan en algún lugar perdido del bosque
el barro parece elevarse
y formar extrañas figuras que trepan por los arboles
un agujero se abre en el aire
como una mancha perturbadora la luz quiebre la realidad
destroza la suave quietud de los días.
Nada volverá a estar conectado
en el derrame de luminosidad las cosas pierden su sustancia
los cuerpos se inundan de una profunda soledad al impregnarse de vida.

La geometría de las estrellas
se expande en la silenciosa mecánica de nuestro interior
ambas frágiles como la escarcha en el cristal
y difusas como las sombras en un día de lluvia,
hace preferir el azar a la matemática celeste.

Es necesario sumergirse bajo las cortezas de las cosas
en lo profundo de ese mineral acuoso
que vibra con la música de las estaciones
cuyos brotes de sangre
arrastran el cuerpo
y se evapora en un sopor.

El cabalgar del fuego sobre las ciudades
hace brillar impetuoso el mar nocturno.
Nadar mar adentro hasta que el oleaje haga desaparecer el mundo
y el frío borre la huella de los sentidos,
burbujas de aire estallan en el manto sereno del océano
como metal filoso
van cortando la garganta
hasta hundir la boca en un perpetuo silencio.

Ya he conseguido olvidar mi nombre
entre los desiertos del día
y los espejismos de la vida
una cuerda floja me sujeta
a esa piedra que adoro
la abrazo con sus espinas
vierto mi sangre sobre su carne metálica
y me dejo deslizar
con una complacencia
similar al rostro oculto
de quien camina al patíbulo.

El problema siempre residió en poder
colocar algo en el tiempo para que lo llene
mover frenéticamente la mirada
entre destellos y claroscuros
dejar pasar cada suceso de forma incompleta
como las copas que se despedazan,
saciarse con los fragmentos
restos de una ciudad imaginaria
que nos persigue
con su olor a madera húmeda
con su arquitectura inaccesible.

La matemática y arquitectura del todo
se encuentra inscrita en la secreta mecánica de nuestro interior
ambas tan frágiles como la escarcha en el cristal
y tan difusas como las sombras en un día de lluvia.
Se han cortado las amarras
y la percepción ha perdido su profundidad.
El azar se impone a la matemática celeste
no hay tejido sobre los cuerpos
solo signos aislados
solitarios en la gran sinfonía oscura
que se derrama en el silencio
del nocturno océano.
También mar adentro corren ríos
que regresan sobre el camino
y se tejen sueños
restos de naves prometidas
que jamás llegan a orillas del mundo.



lunes, 4 de diciembre de 2017

11




Vi tu sangre acumulada entre el pavimento
desparecer lentamente
con las pisadas de los transeúntes.
Alguien se percató de su zapatilla blanca
y restregó el último resto de ti
en el pasto donde se limpia la mierda
dejada por los perros en los zapatos.




jueves, 30 de noviembre de 2017

14




La forma que adoptan los objetos a la luz de una vela cuando la lluvia se ensaña contra el techo de lata

y sus sombras se ondean con la respiración entrecortada por el silencio irrenunciable que conecta las palabras

una nostalgia desteñida se cierne sobre los papeles acumulados en el borde húmedo del cuarto

se ven devorados en sus orillas como la orina de un vagabundo sobre la nieve

bocanadas de humo se vierten sobre las fotografías ennegrecidas en la pared sur

un ruido de bocinas se pierde a lo lejos como una jungla de otro continente

el vino se enfría muy rápidamente al igual que la piel desnuda que no alcanza a cubrirse por las frazadas o que en un movimiento involuntario ha sido despojada de su refugio


todo esto sucede con un dialogo secreto sin importar los cadáveres que se acumulan más allá, a lo lejos, como en otro continente.



martes, 24 de octubre de 2017

En lugar del retorno XII



Desde la orilla contraria a la bahía
también alguien observa el vacío
que la noche forma sobre el mar.

Un pájaro va y viene
evaporándose en medio del trayecto
y volviéndose carne al llegar,
o al menos eso quiero creer:
que un mismo pájaro ha recorrido esta larga distancia.



sábado, 30 de septiembre de 2017

Incisura.



Un huevo agrietado
deja gotear cuerpos fractales
como un líquido metálico
que se transmuta en su caída
va perdiendo su centro.

Olas azules
forman una geometría vidriosa
que codifica el oleaje.

El frío se vuelve filoso
como una palabra fantasma
que desde muy atrás
viene a cercenar la carne.

El aire también tiene una grieta
entre cada respiro
que inflama las brasas
y opaca la transparencia.



martes, 19 de septiembre de 2017

Los retornos I.



Descendiendo por la calle empedrada
emergen banderas y antenas
techos oxidados y árboles secos
rostros infantiles que envejecen de golpe
ante el golpe de hacha de los días,
un pescador cojo recoge botellas en los basureros
y los perros le rodean
confundidos por el hambre y el olor.

La noche se trepa por su piel
oscurece sus costillas,
asediado por las fauces feroces de los perros,
mientras le llaman por un nombre que no reconoce
y su rostro le parece extraño
como aquellas mascaras
con que revivimos a nuestros deudos
en oscuros días de fiestas.

Vuelve a su vieja morada
a cuidar los abandonados botes
que se pudren lentamente
en el ir y venir del oleaje.
Retornan los días idos
como en esos borrosos documentales
las embarcaciones rompen mar adentro
mas la vida en esta costa se desvanece
el barro se adhiere a los nervios
penetra la carne
con el frío como una mortaja.

Atrás, en el sueño,
un sol artificial amanece
haciendo madurar las frambuesas entre espinas
mas estas ya no dañan.
El jardín ha recuperado su dimensión infinita
y la casa su forma de laberinto
la guarida segura donde todo pierde su gravedad
las ilusiones y sonrisas flotan libres
ahora que volvemos
                                    a esa vieja lluvia de la infancia.