Atrás ha quedado la nieve
los arboles pálidos por la ceniza
el potrillo herido en los alambres de púas
tu nombre en los obituarios
el fuego de tu sexo.
Atrás ha quedado el silencio
: ese dios del sentido.
Atrás ha quedado la lluvia que nos sorprende
desnudos en la playa.
Ya cierro los ojos
en esta habitación blanca.
Veo las mascaras rojizas
la luz colarse por las ramas del abedul
un bosque dentro de otro bosque en sus hojas
la ola de los días
acabar sobre la lengua en el paladar.